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Espacio Joven: ESPERANÇA.CAT

 

En la revista del mes de junio ya presentamos a nuestros lectores el apartado de nuestra  aplicación centrado en las relaciones familiares durante la adolescencia y la juventud, el COI DE PARES.

Actualmente ya están publicados los nueve capítulos de los que consta con sus  correspondientes fichas de mejora para cada protagonista. Nuestras familias se han enfrentado a diversas problemáticas propias de la convivencia y que son muy habituales en estas etapas: la necesidad de practicar una buena escucha, la dificultad de reservar un tiempo compartido, la sinceridad en la comunicación, los hábitos cotidianos que facilitan o dificultan la propia convivencia y la responsabilidad hacia los compromisos que se adquieren. También se han presentado tres situaciones más específicas que pueden generar otros conflictos: el acoso escolar, la asociación entre ocio y consumo de alcohol y la regulación del uso de las nuevas tecnologías de la comunicación (TIC). Son situaciones todas ellas que requieren reflexión y propuesta de mejora de actuación. Justamente es lo que hemos intentado ofrecer a través de este apartado que esperamos pueda ser muy útil a las familias.

Por otra parte, seguimos publicando el VALOR DE LA QUINCENA convencidos de que trabajar y fomentar los valores es una muy buena manera de mejorar como personan y facilitar la relación con los demás. En esta línea, queremos también hacer eco de dichos valores en nuestra revista. En el mes de junio hablamos de la familia.

En esta ocasión presentamos un valor que, por desgracia, está fuertemente desacreditado que, con frecuencia, se asocia a la debilidad, sobre todo entre el sexo masculino. Se trata de la sensibilidad.

Valor de la quincena: la sensibilitat

El valor de la sensibilidad se refiere a la capacidad que tenemos los seres humanos para percibir y comprender el estado de ánimo, la manera de ser y actuar de  las personas. Pero para conseguir una buena comprensión también debería tener presentes sus circunstancias y el ambiente que las rodea. La finalidad será siempre actuar correctamente en beneficio de los demás. Tiene mucho que ver con la empatía.

Ser sensible implica permanecer en estado de alerta de todo lo que pasa a nuestro alrededor. Va más allá de un estado de ánimo como reír o llorar, sintiendo pena o alegría por todo.

Hemos de distinguir sensibilidad de sensiblería. Esta última siempre es sinónimo de superficialidad, cursilería o debilidad.

La realidad nos muestra que hay personas que prefieren aparentar ser duras o insensibles, justo al contrario de lo que se pretende con la sensibilidad. Este hecho es mucho más común entre los hombres que entre las mujeres. Seguramente el motivo es la presión social que se ha ejercido a lo largo de la historia acerca del rol masculino, en el que ser hombre es sinónimo de fortaleza física y también emocional. ¿Quién no ha oído decir “los hombres no lloran”?

En este punto nos surge un problema de género En contraposición a este rol masculino de fortaleza mal entendida nos encontramos que, entre las mujeres, la sensibilidad es más aceptable e, incluso, valorada. Pero en el fondo, ¿no quiere decir que el género femenino es considerado más débil que el masculino? ¿Creéis que es justo? ¿O pensáis, como nosotros, que es  una actitud totalmente contraria a la equidad de género?

Veamos, pues, cómo esta fortaleza esta fortaleza emocional está totalmente mal interpretada. ¿Por qué ser sensible se entiende como signo de debilidad? ¿Es blando el padre o la madre de familia que se preocupa por la educación y formación que reciben sus hijos? ¿Lo es el empresario o empresaria que vela por el bienestar y seguridad de sus empleados? ¿Y la persona que escucha, conforta y anima a un amigo en los buenos o malos momentos?

La sensibilidad es interés, preocupación, colaboración y entrega generosa hacia los demás, independientemente que sea hombre o mujer.

Por contra, mostrarse insensible implica una actitud de rechazo a comprometerse e involucrarse en problemas, porque se suponen ajenos a nuestra responsabilidad y competencia. De esta manera, las aflicciones de los demás resultan incómodas y sus padecimientos molestos. Ya veis, pues, que la indiferencia es el peor enemigo de la sensibilidad.

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