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El cuidado de las personas

El cuidado de las personas como tal es un concepto nuevo que describe una realidad tan antigua como la misma humanidad.

Nos hemos de felicitar dado que los valores esenciales como el tener cuidado, o el CUIDAR a partir de ahora, se están poniendo de moda o bien están tomando una relevancia que hace unos años no tenían.

Aparte de eso, empieza a considerarse, en estos momentos, el cuidado como un nuevo derecho social.

Ello es así, en parte, gracias a la incorporación generalizada de  la mujer en el ámbito laboral, también por la reflexión feminista y por los avances universitarios de la carrera de enfermería (profesión del cuidado por excelencia) que ha generado gran cantidad de estudios e investigación por parte de teóricas de la profesión.

El reto ético que se nos plantea se basa en la interrelación del mismo acto de cuidar y la reflexión de cómo éste puede ser provisto de la manera más excelente posible y, además, hacerlo de manera que sea sostenible en el tiempo. Sería discutible hacer de manera óptima una intervención y que en las siguientes fuera decayendo la calidad de nuestra actuación por una ausencia de cuidado de los diferentes aspectos a considerar.

También hay un cierto misterio en torno del cuidado. De tan presentes y cercanas, las actividades que requieren el cuidar se han vuelto casi invisibles. El cuidar tiene mucho de intangible y, por tanto, cuesta medir de manera directa su impacto y no hemos de olvidar que estamos en una sociedad que se mueve por resultados tangibles, muy centrada en el objeto y la materia y lo intangible no ha recibido la atención que requería y merecía.

Se acostumbra a dar valor al cuidar y a su cualidad cuando se está enfermo o bien uno se siente vulnerable.

La experiencia dice, por ejemplo, que se valora a aquella enfermera que tiene en cuenta todas las dimensiones de la persona, desde la física a la espiritual, pasando por la emocional y social, en contraposición a aquella otra que se centra en un modelo más biologista y enfocado sólo en la enfermedad.

Cuando esto pasa, uno de los riesgos es que uno se siente como objeto o una parte intrínseca del proceso, y no como un ser humano que piensa, siente y padece.

Cuidar requiere intención y una atención plena para poder tejer aquella confianza tan necesaria con el fin de que la persona disponga todo su organismo a la curación, si es el caso, o a minimizar el padecimiento, si la primera no fuera posible.

De esto se deriva la necesidad de estar PRESENTE, en el AQUÍ y el AHORA.

Cuidar es altamente exigente. Hace falta que este acto de tener cuidado nazca de aquella dimensión más profunda de la persona. Por ello, una cultura de la interioridad, de la práctica del silencio y de la meditación se hacen imprescindibles. Pero no por esto hemos de obviar que hay riesgos potenciales en el profesional del cuidar o en aquella persona que, por el motivo que sea, se encarga del cuidado de otros,

Uno de los riesgos de agotamiento emocional, la dispersión mental y el “burn out” o síndrome de estar quemado. A veces este síndrome se genera por un exceso de buena voluntad, olvidándose de sí mismo y darse a otros hasta el extremo, sumado a una incapacidad de poner límites y una sensación de que lo puede abarcar todo.

Así, pues, se ha ido avanzando en la reflexión sobre la necesidad de cuidar del cuidador, del profesional, etc. Aún nos hace falta mucha cultura hacia este aspecto, a pesar de que se está avanzando mucho.

Aquello que es casi innato en el ser humano, sobre todo en aquellas personas más empáticas y compasivas, es preciso que sea foco una reflexión profunda para que el cuidado, como decía, sea el mejor posible a la vez que sostenible en el tiempo y se produzca una ganancia por ambas partes, pues el cuidar nutre tanto al que cuida como a aquel que es cuidado, si se tienen en cuenta suficientemente aquellas variables que pueden llevar al agotamiento.

Es importante reencontrar la propia fuerza y equilibrio. En pocas palabras, reconectar con nosotros para conectar con las personas que nos rodean y con el entorno. Ser proactivos en el reconocer las tensiones y bloqueos, aprendiendo a desbloquearlos para liberarlos y así poder gozar.

Se trata de pasar del estrés al bienestar y hacerlo centralmente, es decir, vivir con intensidad desde el propio centro y, desde allí, darse al otro. También se trata de saber volver al equilibrio cuando las circunstancias descentren y mantener alineado el eje de la vitalidad formado por CORAZÓN-CABEZA-CUERPO. Poner conciencia en la forma de relacionarse para que ésta sea funcional, nutridora y sostenible.

Vivir de acuerdo con la propia naturaleza. Gozar del propio ser que somos y reconectar con la vocación de cada uno que es aquello que da sentido a nuestra existencia. Esto hace que nos movamos en un círculo virtuoso en lugar de un círculo vicioso y estemos en el que algunos llaman el FLOW, que estemos conectados con el fluir de la misma VIDA, siendo ello antídoto de la apatía.

Esto puede ser así gracias al sentimiento de autorrealización al poder desarrollar la acción de servicio.

Gemma Téllez
Directora de Casa de l’Ésser, www.casadelesser.org

Versió en català

La cura de les persones

Versió impresa

Una veu amiga – Juny 2018

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