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Más que Voluntarios/as

Entre 180 y 200 personas ocupan de forma regular y actualmente las cabinas del Teléfono de la Esperanza. Entre 180 y 200 personas regalan cada mes su tiempo a los demás. Escuchan, comprenden, acompañan. A cambio de nada y porque sí. Entre 180 y 200 personas voluntarias, durante un rato al mes, se olvidan de ellas mismas para pensar solo en los demás y esto los hace mucho más que voluntarios. Son los voluntarios y voluntarias escuchas.

SENTIMIENTOS ENCONTRADOS

Una voluntaria atendiendo una llamada

Amor, generosidad, estima… Estos son algunos de los adjetivos que los voluntarios y voluntarias escuchas utilizan para describir el Teléfono de la Esperanza. Para Rosa N., voluntaria con más de 30 años de experiencia a las espaldas, el Teléfono es “compartir con la sociedad. Abrir ventanas al mundo”. Para Pepe M., un voluntario con 15 años de experiencia en el Teléfono es “amor” y para Maria O., voluntaria del Teléfono desde hace 20 años es “empatía, generosidad… Estar dispuesto a abrazar a los demás”. Son maneras diferentes de describir una misma experiencia. Tantos sentimientos y sensaciones como voluntarios y voluntarias escuchas la vivan. A pesar de que las historias son duras y a veces las horas largas, todos coinciden en una cosa: salen ganando. “Es la oportunidad de entender cosas de tú mismo. A mí me hace una persona mejor y me hace ver mis defectos. Ver gente al límite que sigue teniendo mucha bondad adentro es muy emotivo. Todos tenemos una gran despensa llena de recursos que podemos poner a disposición de los demás” dice  Maria O., Pepe M. consigue olvidarse de él mismo y de sus prejuicios: “recibo en un doble sentido: contribuyo a hacer que este mundo sea un lugar mejor, y, a la vez al estar fuera de mí puedo ayudar a los otros, me siento bien y beneficio mi alma. Además el hecho de compartir tu tiempo y tu atención con personas diferentes te ayuda a trabajar tu inteligencia emocional y a ser más tolerante”.

EL TELÉFONO COMO EXPERIENCIA VITAL

De los momentos que marcan tu vida para siempre recuerdas los primeros instantes y no de forma meramente superficial, puesto que recuerdas cosas tan profundas cómo qué te hicieron sentir. Lo recuerdas toda la vida y por mucho que lo intentes explicar es difícil conseguir que alguien lo comprenda si no lo ha vivido nunca. Quizás es una cosa que tienen en común los voluntarios y las voluntarias del Teléfono: sólo ellos saben con exactitud que se siente cuando coges por primera vez una llamada del Teléfono de la Esperanza. Para Rosa N. fue “toda una experiencia. Cuando coges la llamada, pones en marcha toda tu creatividad, pero siempre con serenidad y prudencia”. Maria O. explica que en su primer día “no estaba nada asustada. Maria Conxa P., una de las maestras del Teléfono, me dijo que tenía que descolgar el Teléfono con mucho respeto, estar unos segundos muy atenta pero nunca angustiarme. Tú estás atendiendo aquella primera llamada con lo más básico que tiene un ser humano, pero te han seleccionado para hacer esta tarea y esto quiere decir que eres apto para llevarla a cabo, por lo tanto, angustiarte no sirve nada, puesto que todo lo que tú puedes dar y necesitas ya lo tienes. Eres tú mismo”. El voluntario/a, el teléfono y la persona al otro lado de la línea, conforman un trinomio aparentemente sencillo pero que obtendrá tantos resultados como personas sean aptas para atender las llamadas, puesto que sentir es fácil pero escuchar no tanto. Según explica Maria O., ella piensa que la persona que llama le interesa, que están al mismo nivel y que “por muy desastroso que sea el cuadro que me describe, siempre pienso que yo podría ser ella”. Asegura que “tienes que sentir que tú podrías estar en el lugar de la persona que llama, que simplemente no lo estás porque has tenido más suerte”. Rosa N. dice que lo que piensa cuando escucha la voz de la persona que llama es que cuando ella responde al teléfono se encuentra en un “entorno favorable” hacia ella donde tiene “todas las comodidades” y que lo que no sabe es “en qué entorno se encuentra la persona al otro lado de la línea”. La atención que reciben los usuarios por parte de los voluntarios/se, es según Pepe M. “compañía que tiene un efecto amoroso”. Maria O. dice que intenta “hacerles sentir que cuentan para alguien. Les hago entender que el paso que han dado de coger el teléfono y buscar ayuda lo pueden aplicar en otros ámbitos de su vida. Que si a mí como personas me importan tanto, seguro que también importarán a las personas de su entorno. Les intento dejar claro que todo el mundo es susceptible de ser querido y por lo tanto, ellos también lo son”. La tarea del voluntario/a es complicada pero a la vez muy enriquecedora para quien la hace. Ser voluntario puede cambiarte la vida o como mínimo ayudarte a verla de otro modo y esto es lo que consigue el Teléfono.

Un grupo de futuros voluntarios/as haciendo la formación necesaria

NO APTO PARA TODO EL MUNDO

“No se puede decir a nadie que sea voluntario, esto tiene que salir de las personas”, asegura Rosa N. “No todo el mundo sirve para ser voluntario escucha” dice Pepe M. El voluntariado del Teléfono no es un voluntariado cualquiera, los voluntarios/as del Teléfono son personas con habilidades muy especiales y tal como dice Maria O. “no todo el mundo entiende lo que se ha de hacer realmente en el Teléfono. No hemos de juzgar a nadie. Tienes que aprender a mirar con distancia lo que te cuentan, puesto que no puedes caer en la angustia y llevarte los problemas de los demás a casa”. Esta capacidad y muchas otras nos demuestran el gran valor humano que tienen las personas voluntarias del Teléfono de la Esperanza, un valor humano que escogen día a día compartir con quien más lo necesita.

Versió en català

Siempre atentos, siempre dispuestos

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Una veu amiga – Juny 2018

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