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Nuestra lucha contra el suicidio

Cada año 800.000 personas deciden poner fin a su vida. Cada 40 segundos al­guien se quita la vida en el mundo. Los comportamientos suicidas son, según la OMS, la segunda causa de muerte a escala mundial entre las personas de 15 y 29 años y la primera causa de muerte no natural en nuestro país en el año 2019.

LA CREACIÓN DE UN ESPACIO

A pesar de encontrarse en se­gunda y/o primera posición como causa de muerte, segui­mos pensando que es una cau­sa poco habitual invisibilizada por culpa del estigma que re­cibe la salud mental tanto en el ámbito laboral, académico como social. El Teléfono de la Esperanza cree firmemente en la necesidad de ayudar a po­ner fin a esta problemática con la creación del proyecto “La atención telefónica como he­rramienta contra el suicidio ju­venil”. Los expertos aseguran que la mejor manera de pre­venir el suicidio es hablando y que mejor que un teléfono para hacerlo? Nuestros estudios in­ternos muestran la alarmante cifra de una llamada de suicidio cada 3 días (108 casos en 2018), además de un total de 17.000 llamadas con motivo de Salud Mental. La confidencialidad y el anonimato son dos elemen­tos claves que llevan a la per­sona a descolgar el teléfono y llamar.La investigación a partir de este proyecto pretende re­coger datos sobre el suicidio juvenil, así como sus factores de riesgo y las respuestas que se dan, creando un modelo re­presentativo del circuito de atención, los agujeros que hay en el sistema y un esbozo de la red actual. La intención es crear un espacio telefónico donde la vida y las problemáticas de las personas reciban la atención y la importancia que se merecen, donde las personas se sientan apoyadas y escuchadas, donde encuentren la voz amiga que no han podido encontrar en la so­ciedad.

UNA CRUDA REALIDAD EVITABLE

9 de cada 10 jóvenes que se qui­tan la vida cumplían el criterio diagnóstico para ser tratado por depresión o ansiedad. Trastor­nos que, a veces son difíciles de detectar, ya que quien los pade­ce prefiere hacerlo en silencio, por vergüenza, por culpabilidad … Es por ello que es necesario que escuchemos a los jóvenes incluso cuando no están hablan­do. Observar el comportamiento es primordial para detectar posi­bles conflictos. A menudo, lo que algunas personas podrían consi­derar “ganas de llamar la aten­ción” podría traducirse como un “ayuda”. Hay que buscar ayuda inmediata de un profesional, re­confortar a la persona, intentar que no se aísle de la familia ni los amigos y sobre todo tener pa­ciencia. Nada vuelve a la norma­lidad del día a la noche, hay que ser paciente y estar al lado de la persona siempre que lo necesite aunque no lo diga.

LA OPINIÓN DEL EXPERTO
Guillem Pérez
Psicopedagog

“Podríamos considerar que las llamadas que recibimos sobre suicidio son pocas. Si las com­paramos con otras temáticas, como por ejemplo Salud Men­tal (17.000 en total), podría­mos pensar que 108 llamadas son insignificantes. Pero esta­mos equivocados.

Las personas que nos llaman con conductas suicidas no buscan poner fin a su vida, sino que buscan ser escucha­das y motivos para vivir un día más. Desde el Teléfono de la Esperanza ofrecemos espacios seguros que no se encuentran en la administración pública. La escucha activa y la empatía son imprescindibles. Debemos ser conscientes de nuestra ta­rea y estar orgullosos/as de salvar vidas, tantas como lla­madas se descuelguen”.

Versió Català

 

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